27 años
| Perú
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El día que enterramos a mi hermano menor entendí lo que realmente pesa una ausencia. Tenía 19 años, planes simples, ganas de todo. Murió en un accidente absurdo, de esos que pasan en cinco minutos y te cambian la vida para siempre. Su cuarto quedó igual: la cama sin tender, los audífonos en la mesa, la gorra colgada. Nadie quiso tocar nada.
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