18 años
| México
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Mi hermano se tomaba todo lo que encontraba en la nevera. Así que un día le dejé un vaso de agua con vinagre y un poco de sal, bien frío. Lo vi entrar, agarrarlo sin mirar y darle un trago enorme. Tosió como si hubiera bebido gasolina desde ese día, nunca más se tomó nada sin preguntar. Y yo nunca más dejé de reírme cada vez que tomo vinagre.
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