28 años | Chile
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Ayer invité a cenar a mi jefe para quedar bien. Todo iba perfecto (mi novia cocina muy rico), hasta que mi gato saltó a la mesa y le robó una presa de pollo del plato. Mi jefe se quedó paralizado, yo quería desaparecer. Pero eso no fue lo peor, fue cuando Mateo (mi gato) volvió y le trajo una libélula chicharrando en su boca.

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