20 años | Guatemala
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Corrí hasta la parada con el corazón en la boca porque llegaba tarde al examen final. El bus ya estaba arrancando, pero el chofer me vio y frenó un segundo. Subí jadeando, le di las gracias y me senté al fondo. Al lado mío iba una chica con auriculares, mirando por la ventana. No hablamos nada en todo el trayecto. Cuando bajé en la uni, ella me sonrió chiquito y dijo “suerte en el examen”. No sé cómo supo. Saqué un 18 esa vez. Todavía pienso en esa sonrisa de desconocida que me dio alas justo cuando más las necesitaba. A veces un gesto así cambia el día entero.

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