23 años | El Salvador
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Una tarde de verano me escapé sola a la playa cerca de casa, con los pies en la arena tibia y el celular en modo avión. Le conté todo al mar: lo que sentía por él, por qué no se lo decía nunca, cómo me dolía verlo con otra y seguir sonriendo como si nada. Las olas se llevaban mis palabras y yo lloraba bajito, pero al final me sentí más liviana. Volví a casa con la cara hinchada y el pelo lleno de sal. Nunca le conté a nadie lo que pasó esa tarde. Solo el mar sabe, y él guarda secretos mejor que cualquiera.

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