24 años
| Ecuador
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No entiendo por qué el destino juega así, fui a comprar pan y ahí estaba él, el mismo que juró amarme hasta el final, han pasado dos años desde que me dejó sin explicación, iba con una niña de la mano y cuando me vio bajó la mirada, quise fingir que no me dolía pero sentí el corazón apretarse como si todo recién pasara, me saludó con un “hola” tembloroso y me dijo que la niña era su hija, yo solo sonreí y respondí “qué linda, se parece a ti”, caminé a casa con la bolsa en la mano, sintiendo que pesaba más que nunca, como si en lugar de pan cargara todos los recuerdos que aún no sé soltar.
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