39 años
| Panamá
0
Llevaba tres meses entrenando a mi nuevo compañero, dándole todos mis conocimientos y secretos, con la promesa de mi jefe de que mi ascenso era inminente. El día de la promoción, en lugar de mi nombre, anunciaron el de él. Fui a la oficina del jefe, quien me dijo con frialdad que "necesitaban a alguien con una imagen más fresca". Sentí una rabia hirviente, no por la pérdida del título, sino por la traición.
Comentarios (1)
los jefes son así, corruptos. Pero si no ven el valor de los otros, es aún más improbable que vean el de ellos mismos.
Únete a la conversación
Debes iniciar sesión para poder comentar.
Iniciar Sesión