25 años | Perú
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Mi antiguo jefe, un hombre despreciable, me despidió por 'falta de visión', riéndose de mi pasión por las flores. Abrí mi pequeño puesto en una zona humilde, trabajando de sol a sol. Un año después, él tuvo que organizar un evento de gala para su empresa. Necesitaba lo mejor. Por una cruel ironía del destino, su organizadora de eventos solo me conocía a mí por mi calidad. Mi antiguo jefe entró a mi diminuta floristería con su traje caro, y me vio en mi delantal manchado, rodeada de espléndidas calas y azucenas. Me preguntó, con la voz ahogada por la sorpresa, si podía hacer el trabajo, y yo le puse la cotización más alta que pude imaginar, él tragó saliva, firmó el contrato y se fue. Entregué las flores más espectaculares que había hecho en mi vida

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