25 años
| México
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De niña, mi papá siempre me regañaba porque pasaba horas dibujando en lugar de estudiar. Decía que el arte no servía para ganarse la vida. Me dolía, pero seguía dibujando a escondidas. Cuando él enfermó, ya no podía hablar, pero en su mesa de noche tenía uno de mis bocetos, viejo y arrugado. Nunca me dijo que estaba orgulloso, pero ese dibujo me lo gritó todo. Hoy soy ilustradora, y cada trazo que hago lleva su voz, la que nunca escuché, pero siempre sentí. 🎨
Comentarios (2)
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