43 años
| Costa Rica
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Después de un divorcio que me dejó emocionalmente en ruinas, me di cuenta de que había pasado veinte años definiéndome como "esposa de" o "madre de". Me miré al espejo y no sabía quién era yo sola. Mi crisis llegó a un pico cuando intenté hacer match en una aplicación de citas y no sabía qué escribir en mi biografía. Decidí dejar de buscar pareja y, en su lugar, me apunté a clases de cerámica. Redescubrir mis propios intereses fue la única manera de volver a armar mi identidad, pieza por pieza.
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